Un retrasado mental va en coche al muere:
la lengua afuera, alegre y jadeando.
Con registro nuevo y cédula verde.
Maneja un Volkswagen lindo, lustradito.
Y si por al lado se acerca un negrito
en moto o en bici, amaga que dobla,
y sigue por Moreno.
El retrasado mental maneja por la sombra
y toca bocina a ver si el semáforo
que está allá en la esquina
se pone en verde
y le cede el paso.
El coche se hamaca atrás y adelante
y toca bocina, toca, toca y toca.
El verde aparece y él se relame:
saca arando el coche orondo
sin pensar que alguien puede estar cruzando.
¿Pero qué le importa? ¿No es él acaso inmortal en ruedas
y allá en la vereda pedazos de mierda?
El retrasado mental acelera,
por Libertador, por Córdoba, por Las Heras
y los muertos de hambre caminan por la acera.
Y él hace llamados (es un dios alado
subido a su importado) y toca bocina, esquiva, putea.
Y dobla esquinas –zarpado-
manejando con una sola mano
hasta que un buen día, allá por Belgrano,
se la pone feo Barrancas abajo
y el forro se muere roto y desangrado.
(de “El General Quiroga va en coche al muere”, de Borges)
Traidor
Evitando el ablande.
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miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Una noche, acostado junto a una oscura peruana
Una noche, acostado junto a una oscura peruana,
yo era un cadáver a lo largo de otro
y pensaba junto a ese cuerpo alquilado
en la lenta resaca que consumía mi vida.
Me preguntaba cómo sería todo si yo fuese alguien,
si mi mirada estuviera llena de vida y mi cuerpo fuera deseado,
si de mi pelo no cayeran costras resecas de caspa
y los recuerdos de amor no se deslizaran por mi cerebro
como el agua oscura de las alcantarillas.
Cómo sería si a mi lado tuviera otro cuerpo igual de noble,
digno de ser besado desde los frescos pies hasta los cerrados ojos,
y dispuesto a ser expoliado como un pequeño país
yo era un cadáver a lo largo de otro
y pensaba junto a ese cuerpo alquilado
en la lenta resaca que consumía mi vida.
Me preguntaba cómo sería todo si yo fuese alguien,
si mi mirada estuviera llena de vida y mi cuerpo fuera deseado,
si de mi pelo no cayeran costras resecas de caspa
y los recuerdos de amor no se deslizaran por mi cerebro
como el agua oscura de las alcantarillas.
Cómo sería si a mi lado tuviera otro cuerpo igual de noble,
digno de ser besado desde los frescos pies hasta los cerrados ojos,
y dispuesto a ser expoliado como un pequeño país
por cada una de mis caricias.
Cómo sería si alguna noche, después de unas lágrimas alcohólicas,
alguien pudiera, solamente,-¡Oh, virgen de los mastraumados!-
agitar un poco las brasas de esta parrilla abandonada en el frío.
Cómo sería si alguna noche, después de unas lágrimas alcohólicas,
alguien pudiera, solamente,-¡Oh, virgen de los mastraumados!-
agitar un poco las brasas de esta parrilla abandonada en el frío.
lunes, 5 de abril de 2010
Las palomas
A veces, para divertirse, los obreros escupen palomas:
pájaros de las ciudades que revolotean,
como indolentes compañeros del día
sobre los bloques que crecen en el horizonte fisura.
Apenas las embocan tan fuerte que caen sobre las tablas,
estas lacras del cielo, drogadas y miedosas,
repliegan sus alas como los pingüinos
para ver si dan lástima.
¡Qué inalcanzable y bello se veía en el cielo
y qué siome y débil se ve este alado artefacto ahora
que cayó en la tierra como una rata!
Un obrero le mete una pajita en el pico,
otro la imita, rengueando como si estuviera
jodido de una pata.
El poeta se parece mucho
a estos vaguitos de las nubes que salen a buscar la tormenta
y terminan siendo escupidos por un obrero y que,
ya derribados, bajo las risas y los gritos y el tufo a tetra,
se dan cuenta de que sus alas son demasiado pesadas
para volverlas a levantar.
(de "El albatros", de Baudelaire)
pájaros de las ciudades que revolotean,
como indolentes compañeros del día
sobre los bloques que crecen en el horizonte fisura.
Apenas las embocan tan fuerte que caen sobre las tablas,
estas lacras del cielo, drogadas y miedosas,
repliegan sus alas como los pingüinos
para ver si dan lástima.
¡Qué inalcanzable y bello se veía en el cielo
y qué siome y débil se ve este alado artefacto ahora
que cayó en la tierra como una rata!
Un obrero le mete una pajita en el pico,
otro la imita, rengueando como si estuviera
jodido de una pata.
El poeta se parece mucho
a estos vaguitos de las nubes que salen a buscar la tormenta
y terminan siendo escupidos por un obrero y que,
ya derribados, bajo las risas y los gritos y el tufo a tetra,
se dan cuenta de que sus alas son demasiado pesadas
para volverlas a levantar.
(de "El albatros", de Baudelaire)
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